La revolución de 1910 trajo consigo nuevas formas de organización social y política que redefinieron las relaciones de género mediante las estructuras de poder, como las escuelas.
Los estereotipos de la feminidad y la masculinidad se transformaron, en gran medida, por las condiciones económicas derivadas del conflicto armado. En algunas ciudades del país, la ley aceptó que las mujeres se integraran a labores productivas siempre y cuando no entraran en conflicto con el ideal de mujer–madre–esposa, no se inclinaran hacia el intelectualismo y no se involucraran en la participación política (Lau y Escandón, 1993).
Los políticos del momento afirmaban que la revolución había liberado a las mujeres del rosario y la aguja y las había sacado de sus casas para recibir nociones básicas mediante la instrucción elemental y la capacitación para trabajar en pequeñas industrias y oficios (artesanías, cocina, costura, etc.), aprendizaje que también les serviría en el hogar (Schell, 1997).
En 1923 se creó la Dirección de Educación Física en la SEP, se fundó la Escuela Elemental de Educación Física y se construyeron estadios para la práctica de deportes, torneos y exhibiciones. Además, dicha Secretaría integró a intelectuales a su política educativa corporal con la publicación de una revista informativa y de difusión deportiva, la cual incluía también artículos de corte literario, filosófico y plástico que exaltaban el culto al cuerpo y al nacionalismo mexicano.
La impartición de la Educación Física, en nuestro país se ha tenido diversas orientaciones. En 1940 se le dio un enfoque militarista que tiene como característica la rigidez del trabajo. Los alumnos debían acatar y cumplir órdenes bajo un estricto control.
México se ubica en la posición número 43 sobre 222 países participantes, en el medallero histórico de los Juegos Olímpicos, con 12 medallas de oro y 59 en total, siendo el cuarto país latinoamericano, detrás de Cuba con el lugar 18, Brasil con el lugar 38 y Argentina en el 41.
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